La Murga de Nito

   Undecima Época 2015-2016

LAS UVAS DE FIN DE AÑO

ALGO DE HISTORIA

imagen

“REVISTA CRÓNICA”.-  En 1903 se habla por primera vez en prensa de la fiesta con uvas de la Puerta del Sol, y en 1905 el gentío que acudía era tan grande que se cerraron las calles adyacentes, causando quejas de vecinos indignados por semejante "fiesta salvaje, propia de ignorantes y gente vulgar". La tradición de las 12 uvas fue vista durante mucho tiempo como algo pagano, supersticioso y contrario a los hábitos decentes. El 1 de enero de 1915 el periódico 'El País' contaba que la moda de las 12 uvas había comenzado a finales del siglo pasado entre las familias aristocráticas e imitadoras, en la intimidad del hogar o del reservado de un restaurante. Lamentaba la conversión de esa fiesta familiar en una “callejera, ruidosa, grosera y acarnavalada” en la que las mujeres no estaban a salvo de los tocamientos de los desconocidos que atestaban la Puerta del Sol.

Sea como fuere, la moda de las uvas se extendió por toda España a principios del siglo XX, y aún hoy seguimos todos tragando uvas al son del mismo reloj.

¿POR QUÉ COMEMOS UVAS EN NOCHEVIEJA?

Por mucho que insistan los cuñados, las 12 uvas no se toman porque hubo un excedente de producción. Y aunque les duela, el roscón viene de Francia. Descubre el auténtico origen de ambas tradiciones.

Pasen,  vean y lean por qué comemos doce uvas en fin de año, que al igual que el tradicional roscón de Reyes, tiene su historia.

NOCHE VIEJA Y LAS DOCE UVAS

Acercándose el 31 de diciembre aparecen como setas en periódicos, televisiones y blogs las historias que cuentan por qué comemos doce uvas en Nochevieja. Si tú también piensas que en 1909 hubo un excedente de producción de uvas y que los españoles empezamos a tragarlas a lo tonto al son de las campanadas, vives engañado. Pero no sufras, los medios de comunicación tampoco suelen tener ni idea y replican como loros ese mito que, a base de repetición y copia-pega, se ha incrustado ya en el imaginario popular.

Sobre el origen real de la tradición de las uvas escribí un largo artículo el año pasado, del que resumiré aquí lo más importante para que podáis cortarle a vuestro cuñado cuando empiece con lo del excedente. La primera referencia escrita a las uvas de Nochevieja que he encontrado (La Iberia, 1 de enero de 1893) dice —mencionando a un medio de la competencia— “No sabemos si El Estandarte habrá seguido la costumbre de comer las uvas á las doce de la noche en punto de ayer, para preparar la felicidad del año nuevo”. Es decir, que en las navidades de 1892 comer uvas ya era una costumbre al menos en Madrid.

Al año siguiente los periódicos de la capital hablaban de “la imperecedera costumbre de comer las uvas al oír sonar la primera campanada de las doce” ('El Correo Militar', 2 de enero de 1894) y también de que “hasta hace pocos años eran muy contadas las personas que comían uvas el 31 de Diciembre al sonar la primera campanada de las doce de la noche. Hoy se ha generalizado esta práctica salvadora, y en cuanto las manecillas del reloj señalan las doce, comienza el consumo de uvas más ó menos lozanas. Es cosa indiscutible, según algunos autores. “Las uvas, comidas con fe la última noche del año viejo, proporcionan la felicidad durante el año nuevo” ('El Imparcial', 1 de enero de 1894).

No se aclaraban ni entonces, porque como vemos unos decían que era algo nuevo, otros que antiguo, los de más acá aseguraban que las uvas eran sólo tres simbolizando alegría, salud y dinero, mientras que los de allá comentaban que era una costumbre imitada de los franceses y que había que comer un racimo entero.

Pocos años más tarde, El Imparcial del 31 de diciembre de 1897 menciona en un artículo llamado 'Las uvas milagrosas' dos cosas importantes: que ya las uvas eran 12 y que eran tan baratas que se las podía permitir cualquiera. Para poner de moda las uvas no hizo falta una supercosecha sino un cambio de costumbres. Lo que se hacía normalmente en Nochevieja (entonces llamada Día del Año, Víspera de Año Nuevo o del Año Saliente) era quedarse en casa, rezar con recogimiento y si acaso montar un teatrillo familiar jugando a los estrechos y leyendo "motes para damas y galanes", unas obritas de teatro humorísticas que se representaban entre amigos.

El fiestón grande de las Navidades, al menos en Madrid, era la noche de Reyes. Los lugareños salían de farra a engañar a algún asturiano o gallego recién llegado a la ciudad y le hacían creer que los Reyes Magos eran de verdad. Como los gamusinos pero con alcohol, vaya. Debido al desfase y a las diversas tropelías que ocurrían esa noche, en 1882 el Ayuntamiento empezó a cobrar cinco pesetas (una barbaridad para la época) a todos los que quisieran ir de parranda por las calles madrileñas. De modo que los chulapos se quedaron sin jarana hasta que decidieron adoptar la moda de las uvas de una manera festiva y popular: comiéndolas delante del reloj de Gobernación de la Puerta del Sol. El mismo reloj que ahora vemos durante la retransmisión de las campanadas, colocado en 1866.

Como ven, amigos, mucha campanada  es esta y poca cordura entre las gentes que no saben qué inventar.

¡Y no te preocupes por el rito, si no te gustan las uvas: Yo, desde que me atraganto con ellas, tomo pasas de Málaga…!

Un abrazo en doce rítmicos tientos.

escudo

firma

 

 

  Deja tu comentario

*

*


*

cod

*


* Obligatorio

Política de Privacidad

El E-Mail es un campo oculto y solo se indica para dar respuesta al interesado caso de que la solicite.